La fotografía nocturna exige, al contrario que otras muchas variantes fotográficas, la máxima paciencia. Tomas que pueden llegar a durar varias horas ponen de manifiesto en la gran parte de las imágenes el movimiento de nuestro planeta Tierra. Las estrellas, con sus trazos dibujados en el firmamento, dan fe de nuestro movimiento de rotación. El ecuador celeste nos argumenta de forma visual las distintas direcciones que toman las trazas estelares respecto a la tierra. Así mismo, las nubes que ante nuestros ojos suelen ser estáticas, en la fotografía nocturna cobran vida, dibujándose como grandes estelas afiladas que decoran el cielo.

Esta disciplina de fotografía nocturna busca escenas poco usuales como: casas derruidas, paisajes naturales, arquitectura industrial donde colorear con múltiples flashes y linternas de colores al antojo del autor para transmitir sensaciones nuevas e inusuales a los espectadores.


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