Ascensión al Lhotse, de Namche Bazaar a Pangboche (4)

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El tiempo comienza a empeorar y el camino desde Namche Bazaar hasta Pangboche (unos 15 kilómetros, con cotas de ascenso que van desde los 3.440 metros de altitud a la salida y los 3.985 metros al final de la etapa), no facilita el desplazamiento de Javier y su equipo; quien al finalizar esta jornada me confiesa que nieva con insistencia y que posiblemente se queden un día en Pangboche antes de proseguir en dirección a Lobuche (4.930 metros), último asentamiento en la ruta antes de alcanzar el campo base del Everest (5.344 metros).

Atrás dejaron la aldea de Tengboche, donde se levanta un importante monasterio budista de la comunidad sherpa (el más grande de la región de Khumbu). Construido en 1916, quedó destruido tras un terremoto y nuevamente levantado en 1989. Un incendio lo arrasó más tarde y de nuevo fue reconstruido con la ayuda de voluntarios y el apoyo internacional. El sherpa Tenzing Norgay (primer hombre en conquistar la cima del Everest junto con el neozelandés Edmund Hillary) fue enviado en su niñez a este monasterio para ser monje.

Monasterio de Tengboche - Foto: Javier Camacho (móvil)
Monasterio de Tengboche – Foto: Javier Camacho (móvil)

Junto al monasterio de Tengboche se amontona gran cantidad de “piedras mani” (estelas) en las que está grabado el mantra “Om Mani Padme Hum”, probablemente el más famoso del budismo y muy venerado por los seguidores del Dalai Lama. A este lugar sagrado, Javier acudió a rendir una visita de cortesía antes de continuar camino.

A su llegada a Pangboche, Javier fue llevado hasta la casa de un lama -al parecer muy famoso en la zona- quien realizó una puyá (ritual religioso budista) en su honor para desearle suerte en la montaña; la misma que todos le deseamos fervientemente desde que iniciara la expedición.

En esta población existe un monasterio muy conocido por haber atesorado, según los monjes, una parte momificada del cráneo y una mano del mítico yeti. Se cuenta que uno de estos monjes se topó en cierta ocasión con el yeti en una cueva durante un acto de meditación. Años después, cuando volvió por el lugar, el monje budista halló muerto a este ejemplar de yeti y se llevó al monasterio la parte superior del cráneo y una de sus manos.

Cuando en los años cincuenta llegó esta historia a oídos del magnate y aventurero estadounidense Tom Slick, no tardó éste en organizar una expedición a Pangboche para comprobar su veracidad. Ante la negativa de los monjes a desprenderse de tan apreciada reliquia para su estudio, el líder del equipo expedicionario, Peter Byrne, ofreció sustituir el pulgar y una falange por huesos humanos a cambio de una generosa cantidad de dinero. Aceptado el acuerdo, Byrne trasladó los huesos hasta la India, donde se enfrentó al problema de cómo sacarlos del país.

Dio entonces la casualidad de que el actor James Stewart y su esposa, Gloria McLein, se encontraban por aquellas fechas en Calcuta, quien tras la mediación de persona interpuesta se ofreció a ocultarlos entre la ropa de la maleta de su mujer en la seguridad de que nadie se atrevería a incomodar a tan conocida estrella cinematográfica. Y de este modo, los huesos del supuesto yeti llegaron a Londres, donde después de diversos exámenes quedaron olvidados en una caja del Museo Británico.

Tras la reaparición de los huesos en 2008, éstos fueron sometidos de nuevo a varios exámenes sin obtener un resultado concluyente. Por último, científicos del Zoo de Edimburgo determinaron en 2011, mediante un análisis de ADN, que los restos de la mano del yeti de Pangboche son humanos.

Sirva lo anterior como dato anecdótico respecto del lugar donde Javier ha recibido la bendición de un lama deseándole mucha suerte en la ascensión que se propone. Normalmente, este acto ceremonioso se lleva a cabo siempre en el campo base y, es muy probable, que allí se repita. Lo que no estará de más…

Y volviendo a nuestro fotógrafo-alpinista -quien prefiere prescindir de un forro polar antes que de uno de los cinco cuerpos de cámara que lleva consigo-, debo añadir que durante la fase de aclimatación a la altura ha podido disfrutar ya de la vista del Lhotse en la lejanía, mientras por su mente se deslizaba, seguramente, la secuencia de la dura batalla que le espera, en el tramo final, hasta conseguir clavar los crampones en la cima helada de este temible gigante rocoso de paredes verticales.

Vista del Lhotse - Foto: Javier Camacho (móvil)
Vista del Lhotse – Foto: Javier Camacho (móvil)

Javier se encuentra muy motivado, y así me lo ha hecho saber, merced al apoyo, entre otros, que está recibiendo por parte de AEFONA, a cuyos socios ha querido hacer llegar su cariñoso saludo a través de este cronista que le acompaña, desde la distancia, en su aventura.

Javier Camacho durante la marcha de aproximación al campo base del Everest
Javier Camacho durante la marcha de aproximación al campo base del Everest

Francisco Martínez Romón

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