El barranco de Mascún, donde habitan los espíritus

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Decía Albert Tissandier -escritor y apasionado viajero-  allá por 1889 en uno de sus libros, en el que relataba sus experiencias después de haber visitado las montañas de Aragón, que “… (a 1.785 metros) nos esperaban verdaderas maravillas naturales. Son las gargantas de Rodellar o de Mascún que encierra el río Alcanadre”.

_MG_4323Refería más adelante en su libro de Excursiones que “los paisajes de Colorado y Arizona son elogiados en todas partes como los sitios más notables del mundo; podemos afirmar que las gargantas de Rodellar (…) pueden ser comparadas con lo que más se admira en los Estados Unidos”.

Tomo las palabras escritas por Tissandier como introducción y mejor descripción de lo que son y representan las gargantas de Rodellar, cuyo homónimo y encumbrado pueblo nos abre la puerta de entrada al ciclópeo barranco de Mascún, en el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara.

El barranco de Mascún marca unas líneas verticales huidizas que señalan, hacia lo más alto, el cielo que nos cubre… y en sentido inverso, el vacío más absoluto a nuestros pies. Paredes abismales inquietantes entre las que surge, con elegante y majestuoso vuelo de prospección, el buitre leonado; vigoroso señor de tan abrupto territorio oscense.

IMG_1544Pero  antes de seguir hablando del barranco de Mascún y de su quebrado paisaje, desearía comentar  que su nombre -al parecer procedente del árabe- vendría a significar “el lugar donde habitan los espíritus”. Y es que cuando el río llevaba crecida, el estruendo que producía el choque del agua con las rocas era tal que su eco resonaba en la lejanía, y los habitantes de estos parajes lo asociaban a los gritos de los espíritus de los musulmanes que habían perdido la vida en tan vertiginosos acantilados.

Otras leyendas hablan también de aquelarres de brujas llegadas hasta aquí, desde las diversas sierras de la región, para reunirse en las profundidades de la garganta y celebrar sus rituales en las incontables cuevas que existen en la zona.

 

Y tras esta digresión traída al caso, vuelvo a mi relato…

_MG_4364Visto desde lo más alto, como lo observa el buitre durante su vuelo exploratorio, el barranco de Mascún se aprecia como una profunda hendidura abierta en la corteza de roca viva; tallada, a lo largo  del tiempo, por la erosión de las aguas y en cuyo tajo, contando con la ayuda del viento, han ido creándose caprichosas formas y soberbios monolitos que ahora se yerguen desafiantes desde las profundidades de la garganta.

_MG_4353Con los pies al borde del profundo precipicio que se abre ante mí, y con las debidas precauciones -no siempre suficientes- tomo fotografías de este fascinante escenario mientras me recreo en su contemplación; al tiempo que una pareja de buitres, en extraordinario cortejo, planean a baja altura sobre mi cabeza.

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IMG_1558Una naturaleza como esta, tan amplia de horizontes como salvaje, en la que no se atisba a nadie -ni por asomo- que pueda llegar a perturbar mi buscada soledad, me impacta hasta tal extremo que me hace sentir insignificante ante tanta magnitud. Podría decir que es como si me hallara solo en mitad del océano… aunque dichoso por la circunstancia de encontrarme disfrutando del entorno.

_MG_4309Desde las alturas decido bajar al fondo del barranco para observarlo, esta vez, con distinta perspectiva. El camino es peligroso y sobrecogedor -sobre todo si se carga con equipo fotográfico y trípode- y redoblo la atención sin apartar la mirada del terreno que piso; porque un resbalón  inoportuno en estos   despeñaderos  acarrearía fatales consecuencias. Lo agreste del paisaje que me rodea lo hace aún más atractivo y no puedo evitar seguir tomando fotos; muchas de ellas en condiciones aventuradas.

Una vez abajo, pisando terreno llano y firme, recupero la sensación de seguridad y me explayo observando el nuevo espectáculo que se extiende a mi alrededor. Que no por ya conocido deja de seguir asombrándome.

 

_MG_4179No es de extrañar que quienes a mediados del siglo pasado habitasen estos lugares decidieran un buen día dejar atrás sus haciendas para trasladarse a vivir a zonas donde poder disfrutar de una vida mejor. Así comenzó el éxodo de minúsculos y aislados poblados como Otín o Nasarre, cuyas casas abandonadas y en ruinas pueden verse todavía mediando una larga caminata monte arriba.

Pero como ese objetivo está lejos de mis pretensiones, continúo mi camino por el fondo del barranco -remontando el curso del río Mascún- para seguir admirando los relieves pétreos que el cincel de la naturaleza ha ido creando con mucha paciencia,  a lo largo de miles de años,  para deleite de quienes ahora tenemos la oportunidad de observarlos detenidamente.

_MG_4181Mi recorrido por el fondo del barranco se hace posible una vez que ya superado el periodo de lluvias, y tras el estío, las aguas del río Mascún han cedido en intensidad y disminuido considerablemente su caudal. No habría sido factible cuando el exceso de precipitaciones inunda el cañón y la corriente reclama para sí todo este espacio por el que ahora me desplazo.

Visto desde el punto de vista deportivo, toda esta zona es muy apreciada por los aficionados al barranquismo -en época de primavera- aprovechando las numerosas posibilidades que ofrecen las aguas encañonadas del río en su fuerte descenso; así como para los escaladores en época de sequía -cuando el río es un simple arroyo- en que pueden acceder a los distintas paredes por las que ascender.

Estos apasionantes deportes de aventura a los que hago referencia son una constante en la relación del hombre con la naturaleza y en la consideración que en ambos se tiene respecto al entorno en el que se practica; tema éste que daría para hablar en un nuevo reportaje sobre ecología deportiva.

_MG_4252Pero volviendo a la senda que me ha traído hasta aquí, quiero aprovechar el curso de estas aguas para acercarme hasta un punto próximo a su vertido en el río Alcanadre; donde aún se mantiene en pie un puente de origen medieval que era utilizado por los montañeses para llegar hasta Rodellar con sus caballerías, o los pastores con su ganado, cuando las aguas del Mascún bajaban crecidas. Lo llaman Puente de las Cabras.

_MG_4293Es un lugar algo recóndito y, en cierto modo, místico… que invita a la reflexión sin tener en cuenta el transcurrir del tiempo. Una especie de santuario natural al que acogerse para meditar. Armonía, silencio y paz es cuanto se puede esperar de este sitio… lo demás lo pone el visitante.

_MG_4314Y a la vista del puente de Pedruel, sobre el río Alcanadre, donde su curso baja con más caudal tras la aportación recibida aguas arriba, tomo mis últimas fotografías antes de dejar atrás el barranco donde dicen que habitan los espíritus…

 

 

© Texto y fotos:

Francisco Martínez Romón

fmromon@gmail.com

De la serie “Mis Cuadernos de Campo”

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