La influencia humana puede parecer inofensiva, pero más allá de lo que pueda parecer, las focas, como cualquier animal, captan la presencia humana como un intruso. La persona que se introduce en la playa va fija con un objetivo: llevarse una buena fotografía, captar un momento crucial, mostrar al mundo la belleza de la naturaleza, lanzar un mensaje, etc. Y muchas veces, aún poniendo las precauciones habituales, no caemos en la cuenta de que al estar en la orilla podemos estar perjudicando a la propia especie. Por ejemplo, impidiendo la vuelta de las focas adultas de su alimentación en el mar para llegar a tierra firme y continuar la alimentación de sus crías, o podemos estar alterando el comportamiento de algún macho, o propiciando que una hembra abandone a su cría ante nuestra presencia, que a nosotros nos puede parecer lejana, pero que a una foca le puede bastar como amenaza.

Debemos preguntarnos ¿Cuál es el sujeto importante por encima de todo esto? La razón de todo esto son ellas, las focas grises, y mientras no tengamos la seguridad total de que acercándose a ellas no influimos en su comportamiento, lo más sensato es extremar las precauciones.

Ningún fotógrafo en su sano juicio pretende molestar a las Focas grises, y probablemente todos extreman las precauciones, pues es de sobra conocido el daño que se puede infligir, sin embargo, se debe buscar una solución satisfactoria que permita fotografiar adecuadamente a la Foca gris sin influir negativamente en la especie.

Los límites de la ética fotográfica no se desarrollan simplemente sobre papel, se llevan en la persona, y esto hace que siempre haya un factor subjetivo en ciertas interpretaciones de esta ética que haga que una persona piense que cumple con ese código ético obedeciendo el consejo de quedarse tras la valla, y otra crea que cumple perfectamente esa ética acercándose con sumo cuidado a la especie. El problema no es tanto de malos y buenos como de 2 interpretaciones distintas y probablemente lícitas.

La solución posiblemente no pasa ni por la restricción exclusiva a la zona vallada, ni por la permisividad de acceso a la playa. Es necesario encontrar otras soluciones investigando qué se ha hecho en otras reservas con problemas parecidos.

La escucha atenta de las necesidades de los fotógrafos y de los expertos en conservación se hace necesaria para un problema que no tiene fácil solución si no se organiza adecuadamente y con el objetivo principal de la salvaguarda de la Foca gris, pues al fin y al cabo, todos caminamos en la misma dirección. La construcción de hides a ras de suelo y bien ubicados, que hicieran innecesario salir a la zona exterior de playa, podría ser una salida a este problema que ya lleva unos años sin resolver.

En la actualidad, a los problemas humanos se añaden también los de la naturaleza. El 28 de noviembre de este año, 2011, una marea ha dañado parte de la valla y del camino, provocando que muchas crías hayan quedado separadas de sus madres y otras tantas se ahogaran. Se estima que de 50 a 75 crías se han ahogado debido a este temporal. A 2 de diciembre, el recuento de crías era de 1170.

Esperemos que pronto se pueda encontrar una solución que proteja adecuadamente a la foca gris y que a la par satisfaga lo máximo posible a todas las partes.

 

Texto: Carlos Dorado

Fotos: Alfonso Lario

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