Continuamos esta serie de entrevistas con Juan Tapia, uno de nuestros socios más reconocidos y admirados. Charlamos con él sobre Fertile Designs II, imagen galardonada en el European Wildlife Photographer of the Year 2023, organizado por la GDT alemana, y sobre su particular manera de entender la fotografía de naturaleza.
Juan, para quienes todavía no te conozcan, cuéntanos brevemente algo sobre ti y tu relación con la fotografía de naturaleza.
Seguramente muchos no lo saben, pero no me dedico profesionalmente a la fotografía. Mi profesión ha sido la agricultura desde los 18 años y, en la actualidad, compagino el trabajo agrícola con la impartición de talleres de fotografía por Andalucía.
Mi pasión por la imagen surge en 2002 de forma casual, tras incorporarme a los talleres de fotografía de mi pueblo. Sin duda, ha sido la afición más constante que he tenido a lo largo de estos años y sigue intacta hoy en día. Como la mayoría de quienes se inician, comencé fotografiando todo tipo de motivos, pero con el paso del tiempo la naturaleza fue ocupando un lugar protagonista en mis archivos. Probablemente, esa conexión venga de una afición más temprana por el medio natural, nacida durante mi etapa en un grupo scout y que, con los años, terminó reflejándose de forma natural en mis imágenes.
¿Cómo concebiste y realizaste esta fotografía? ¿Qué equipo utilizaste?
Esta imagen tiene un gran valor personal para mí y forma parte de mis trabajos más recientes. Todo comenzó tras estercolar una finca. Después de varios días regando los pepinos recién sembrados, empezaron a nacer alrededor de cada planta una gran cantidad de setas, fruto de ese compuesto animal.
Durante unas semanas protegimos la plantación con una manta térmica para evitar plagas. Cuando llegó el momento de retirarla, observé que muchas de esas setas se habían podrido y quedado adheridas a la tela, aunque en aquel momento no despertaron en mí ningún interés visual.
Al año siguiente volvimos a colocar la manta térmica para una nueva plantación y fue entonces cuando me llamó poderosamente la atención cómo aquellas setas, ya secas, habían quedado estampadas de forma natural. Los ritmos visuales que creaba el himenio fueron una de las partes que más me cautivaron, siendo esta la parte fértil del hongo. De ahí el título de la serie: Diseños fértiles.
Para su realización utilicé una Canon Mark III con un objetivo macro de 100 mm. Lo más importante fue definir la estética que buscaba y resolver los problemas que planteaban los elementos del invernadero —tubos metálicos, alambres, canaletas—. Tras probar distintas opciones, opté por disparar a contraluz, tanto para resaltar todo su esplendor como para quemar los blancos de la tela y evitar que esos elementos de la estructura aparecieran a través de la trama translúcida de la manta térmica.
Este es uno de tus últimos galardones; ¿sigues recibiendo los premios con la ilusión del principiante o ahora tienen un significado distinto?
Los reconocimientos siempre producen una satisfacción personal, aunque con el paso de los años es cierto que no tienen el mismo impacto que los primeros. En este caso, lograr un galardón en uno de los concursos más prestigiosos del mundo con una imagen realizada en el invernadero —que además es mi lugar de trabajo— ha sido especialmente gratificante.
Esa satisfacción surge porque no estaba en un contexto de “naturaleza salvaje” y, aun así, he conseguido una imagen capaz de sorprender. Eso le otorga un valor añadido muy especial.
Las redes sociales y las competiciones fotográficas tienen una evidente parte positiva, pero ¿crees que pueden llegar a condicionar negativamente nuestro trabajo?
Es indiscutible el poder de divulgación que tienen ambos medios. De hecho, yo me di a conocer en el ámbito de la fotografía de naturaleza tras publicar durante un tiempo una serie de imágenes sobre cortezas de eucalipto en redes sociales. Posteriormente, la obtención de reconocimientos a nivel mundial ayudó a consolidar mi trabajo.
Con el tiempo he aprendido, sin embargo, que estos medios también pueden tener un efecto contrario. Muchas apuestas personales, surgidas en fases de experimentación, no siempre reciben la respuesta o el reconocimiento que esperamos. Esto puede generar dudas o incluso condicionar la evolución de nuestra obra, llevándonos a cambiar de rumbo más por la reacción externa que por una convicción propia.
¿Qué importancia tiene para ti el equipo fotográfico? ¿Compartes la frase de Ansel Adams: “El componente más importante de una cámara de fotos son las 12 pulgadas detrás de ella”?
El equipo fotográfico es importante, y sería hipócrita no reconocerlo. La calidad y la versatilidad del equipo pueden facilitar mucho las cosas y, en determinados trabajos, marcar la diferencia.
Dicho esto, creo que la frase de Ansel Adams va mucho más allá de la cámara o incluso de la mirada. Para mí habla del cerebro, de cómo percibimos el paisaje, cómo lo interpretamos y cómo construimos una imagen antes incluso de apretar el disparador.
Vivimos en un momento en el que existe cierta obsesión por la técnica y por disponer del equipo más avanzado, y a veces eso nos hace descuidar otros aspectos fundamentales: detenernos, observar, cuestionarnos qué nos atrae realmente de una escena y por qué.
Si se observa mi trayectoria, se percibe una línea bastante coherente en la que la creatividad surge, sobre todo, de la manera de interpretar lo que tengo delante, más que del equipo con el que lo fotografío.
Muchas veces escuchamos que “ya está todo fotografiado”; sin embargo, tú sigues sorprendiéndonos. ¿Cuál es el secreto para desarrollar una fotografía tan personal?
Conseguir imágenes distintas provoca siempre sorpresa en el espectador y, para ello, es fundamental desarrollar una obra propia. No existen dos miradas iguales si somos auténticos al construirlas. La forma en la que observamos el paisaje, los estímulos visuales que elegimos y cómo los interpretamos son decisiones personales que terminan definiendo nuestra fotografía.
El problema es que, muchas veces, tanto los motivos que fotografiamos como la manera de hacerlo están condicionados por imágenes que ya hemos visto anteriormente. Desde hace tiempo, mi “secreto” es ser fiel a ese proceso personal de selección e interpretación, aceptando incluso el error como parte del camino.
Siempre tengo la necesidad de sorprenderme primero a mí mismo para mantener la motivación, y eso conlleva una autoexigencia constante en la búsqueda de lo desconocido. Creo que el día que pierda esa actitud renunciaré también a la capacidad de sorprender.
¿Buscas inspiración en otras artes distintas a la fotografía?
Por supuesto. Artistas de disciplinas como la música o la pintura me han ayudado a entender cómo vivieron su proceso creativo, con sus aciertos y sus errores; me interesa mucho conocer su trayectoria vital y artística. Evidentemente, la pintura es el arte que más me influye por su relación directa con lo visual.
La historia del arte me ha permitido sumergirme en dos mundos tan opuestos como el arte figurativo y el arte abstracto. De hecho, una de las primeras decisiones que tomo a la hora de disparar es en cuál de ellos me muevo. Dentro de estos dos grandes modelos de representación visual, los estilos pictóricos que han ido surgiendo a lo largo del tiempo —con sus múltiples matices— me han ofrecido un amplio abanico expresivo para subjetivar tanto la parte plástica como conceptual de una imagen.
Hablando estrictamente de fotografía y no de la experiencia asociada al viaje, ¿prefieres los grandes viajes o la fotografía cercana a casa?
En la actualidad desarrollo sobre todo fotografía de proximidad, es decir, cerca de casa. Por un lado, porque no siempre puedo permitirme grandes desembolsos económicos y, por otro, porque tampoco dispongo de demasiado tiempo. La fotografía cercana nos permite profundizar de forma constante en los temas que realmente nos interesan y nos obliga a estrujarnos la cabeza para transformar lo ordinario en algo verdaderamente extraordinario. Termina convirtiéndose en un viaje interior, en el que potenciamos la creatividad y vivimos una nueva experiencia dentro de nuestro proceso de aprendizaje.
Los viajes fotográficos, por su parte, resultan muy atractivos porque nos llevan a lugares espectaculares donde, muchas veces, no es necesario hacer un gran esfuerzo para obtener imágenes impactantes. En cierto modo, pueden relajar nuestra creatividad, esperando que el entorno lo haga todo por nosotros. Pero no siempre es así: hay fotógrafos que viajan y desarrollan plenamente su creatividad en esos contextos y otros que sienten la necesidad de salir del país para conseguir imágenes interesantes.
¿Cuáles son tus inquietudes actuales y qué proyectos tienes en mente?
En este momento estoy centrado en la fotografía intervenida, algo que me permite romper los límites de la fotografía purista que he venido desarrollando hasta ahora. Me interesa experimentar con nuevas técnicas y materiales, pero sobre todo cuestionar las fronteras de lo que entendemos por fotografía de naturaleza. Aquí la captura no es el fin, sino el inicio para seguir creando.
Paralelamente, estoy trabajando en un proyecto en el que trato de unir mi trabajo laboral con mi pasión por la fotografía de naturaleza, mostrando cómo se puede representar la naturaleza “fuera de la naturaleza”. Creo que esta combinación reúne todos los elementos necesarios para ofrecer una obra de autor interesante y refleja de manera clara mi evolución personal.
Muchas gracias por habernos atendido, Juan. Solo nos queda felicitarte por tu trayectoria y desearte lo mejor para el futuro.