Ugo Mellone y el macá tobiano – Por Francisco Martínez

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La pregunta que se hará todo el mundo, nada más empezar, es a qué me refiero en el titular. Pues bien, para aclarar de antemano cualquier duda al respecto diré que el macá tobiano (Podiceps gallardoi) es una bellísima y peculiar ave que habita los inhóspitos territorios australes de la Patagonia; donde el fotógrafo naturalista Ugo Mellone permaneció -entre diciembre de 2017 y enero de 2018- trabajando junto a un amplio equipo de biólogos en un proyecto de campo enfocado a la protección de dicha especie, cuya supervivencia se halla en la actualidad gravemente amenazada.

 

_MG_6278Mellone, italiano de nacimiento y afincado en España desde hace algunos años, es un gran amante de la exploración, lo que  le permite estar siempre alejado de los espacios habituales y disfrutar plenamente de la fotografía de naturaleza; en la que dice querer reflejar la verdadera realidad de las experiencias que vive, sin manipulaciones que, por otra parte, considera innecesarias dada la gran espectacularidad de los enclaves en los que suele desenvolverse; como sucedió en este reciente viaje con los paisajes y escenarios que le proporcionó el extremo Sur de Argentina, donde convivió con la naturaleza más agreste y salvaje, e inhabitada, que hasta ahora haya conocido en el transcurso de su actividad profesional.

 

A su regreso de aquellas tierras, Mellone me habla del Proyecto Macá Tobiano en el que -dirigido por el conservacionista argentino Kini Roesler-  están involucrados decenas de biólogos y personal voluntario con el urgente objetivo de evitar la extinción total y a corto plazo de esta ave endémica, de la que -según datos recientes- quedan apenas 400 parejas en las remotas lagunas localizadas en los altiplanos volcánicos de la Patagonia argentina; cuando esta especie se contaba por miles al ser descubierta en 1974.

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Mellone afirma que «una de las causas principales de tan deprimente desastre ecológico está en el calentamiento global que se viene produciendo desde hace años», hipótesis que viene avalada por los diversos estudios científicos realizados en el área de humedales que sirve de hábitat al macá tobiano.

Debido al cambio climático, la nieve que se deposita en las montañas durante el invierno es insuficiente para, con el deshielo en primavera, llenar las lagunas hasta un nivel óptimo; por lo que posteriormente, por evaporación, muchas llegan a secarse rápidamente, atestiguan los expertos.

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A lo anterior se une la amenaza que representan las especies invasoras, sobre todo el visón americano. Un depredador que ha invadido los ríos y arroyos de la Patagonia y que resulta tan agresivo que un sólo individuo es capaz de matar una colonia entera de macaes en sólo una noche -como en cierta ocasión pudieron comprobar los conservacionistas que vigilan las lagunas-, según me comenta Mellone.

Con el fin de evitar estos desastres, varios grupos de voluntarios denominados los «guardianes de colonias» se encargan de rastrear y colocar trampas para eliminar a los visones; limitando así, en lo posible, su acercamiento a las colonias de macaes.

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La mano del hombre también ha contribuido a esta catástrofe ecológica con la introducción -en la década de los ochenta- de la trucha arcoíris procedente de Norteamérica para el fomento de la pesca deportiva. Este salmónido -incluido en la lista de las cien especies exóticas invasoras más dañinas del mundo- altera las condiciones del agua de las lagunas e interfiere en el desarrollo de la vinagrilla (una planta acuática con la que el macá construye el nido en la superficie del agua), argumenta Mellone.

Por último está la gaviota cocinera -nativa de la Patagonia- que ataca los nidos para comerse los huevos y los polluelos, a las que el macá no puede hacer frente por hallarse en desventaja tanto física como numérica.

«Y así las cosas, las colonias del macá tobiano -que en 20 años se ha reducido en un 80 por ciento- seguirá disminuyendo hasta su total extinción si esta vez el hombre no lo impide a tiempo», se lamenta Mellone.

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Volviendo el foco sobre la imagen Mellone habla de las dificultades que tuvo que enfrentar para obtener las fotografías que ya reproduce alguna de las más importantes revistas internacionales de naturaleza. La parte principal de su aventura consistió, en un principio, en poder instalar una tienda de campaña lo suficientemente cerca de una laguna y a resguardo del viento, ya que en la Patagonia «es huracanado y está activo día y noche», afirma.

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«En cuanto a las dificultades fotográficas hay que decir, dejando a un lado el frío intenso, que los macaes son animales muy confiados, aunque esto no signifique que fuera fácil obtener buenos resultados», añade.

«Las colonias podían estar cerca de la orilla, así como lejos, y para fotografiarlos desde tierra a su nivel era necesario tumbarse en el suelo, lógicamente, adoptando complicadas posturas. Y en otras ocasiones había que entrar en el agua y soportar su baja temperatura», prosigue.

En este último caso -aclara Mellone- contaba con un hidrohidehinchable y un traje de neopreno que le proporcionaron al llegar. «Aunque no pude utilizarlo tanto como me hubiera gustado; porque pronto me di cuenta de que era imposible obtener fotografías nítidas en situaciones de fuertes y constantes rachas de viento, donde además no pisaba el fondo».

«Y aún vistiendo el traje seco, el frío no me permitía estar en el agua más de hora y media, como mucho», me dice Mellone recordando aquellos duros momentos.

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«Pero el problema real que me surgió al intentar fotografiar a los macaes fue que, al ser blancos, reflejan mucho la luz y esto hace que obtener una imagen a pleno día se complicara, por lo que tenía que esperar a que el sol estuviera bajo -con el atardecer- o filtrado por las nubes; condición ésta bastante rara en la Patagonia austral», me comenta, para añadir que «lo verdaderamente difícil fue captar los momentos en que se daba el sorprendente y espectacular cortejo de estas aves, que allá lo comparan con los pasos de una pareja bailando al compás de un tango…». 

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«…y todo sucede tan rápido que para tener la seguridad de captar la mejor imagen es esperar el momento en que macho y hembra se miran uno al otro; justo antes de volver nuevamente a su apasionada coreografía».

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Por último, y antes de finalizar la entrevista, Ugo Mellone hace unas reflexiones en el sentido de que, a su modo de ver, «la tendencia hacia la cual se encamina últimamente la fotografía de naturaleza es la de dar demasiada importancia a la estética y mucha menos al contenido; en lo que han influido bastante los concursos».

«Parece como si los fotógrafos no tuvieran interés en la especie que están fotografiando, así como su natural comportamiento, y tan sólo estén preocupados de obtener una imagen que se adapte a la composición y que la luz sea lo más espectacular posible», agrega Mellone.

«No siendo mi intención criticar esta corriente, que debo reconocer que produce imágenes a veces muy cautivadoras, prefiero fotografías en las que el autor ilustra la fauna y su comportamiento sin quitarle protagonismo y sin forzar la búsqueda de una creatividad que, a veces, desde mi humilde punto de vista, es un tanto estéril», concluye.

Mellone añade, a modo de colofón, que desea que este trabajo fotográfico que ha realizado en las lagunas australes de la Patagonia contribuya a dar a conocer al macá tobiano y se logre detener su continua y acelerada desaparición; para que la naturaleza y el ser humano que la habita no tenga que lamentar algún día su total desaparición.

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