Victoria ciudadana contra la instalación de una refinería de petróleo en Tierra de Barros, Badajoz (2005-2012)

El pasado mes de octubre fue publicada la declaración de impacto favorable para la explotación de una mina de uranio a cielo abierto en dehesas de la provincia de Salamanca, en la área donde se encuentra la ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) de las riveras del Yeltes y el Huebra.

Podéis leer la noticia “Uranio en el corazón de la dehesa” aquí:

https://www.aefona.org/noticias/articulos/241013/732

Como ya sabéis, AEFONA va a organizar una quedada para documentar con nuestras cámaras la belleza de estos paisajes y contribuir, así, con nuestro granito de arena, para evitar la destrucción de muchas hectáreas de un ecosistema tan rico y diverso como es la dehesa ibérica en estas tierras salmantinas.

No es una tarea imposible, hay un antecedente muy cercano en la vecina Extremadura, concretamente en Tierra de Barros (Badajoz), donde los ciudadanos, con la colaboración de artistas, naturalistas, escritores, técnicos, organizaciones conservacionistas, etc., consiguieron paralizar una propuesta similar —una refinería de petróleo—, cual David contra Goliat.

Quiero recordar aquí su historia, para que nos sirva de ejemplo de cómo la unión hace la fuerza, cómo el débil puede vencer al poderoso, con poderosas razones, además de con esperanza, ilusión, organización, constancia y determinación.

En 2005 se creó la Plataforma Ciudadana “Refinería No” (PCRN) para oponerse a la instalación de la Refinería Balboa en Tierra de Barros (Badajoz), concretamente entre los municipios de Los Santos y Villafranca de los Barros, promovida por el gobierno de la Junta de Extremadura, las administraciones locales de la zona y el empresario siderúrgico Alfonso Gallardo.

Fueron ocho años de presión ciudadana, con una intensa actividad, en la que se sucedieron ruedas de prensa, manifestaciones, conferencias, asambleas, casetas informativas, concentraciones, visitas a Bruselas, a Ginebra y a los ministerios, buzoneos, reuniones con colectivos conservacionistas, cortes de carretera, recogida de firmas, degustaciones benéficas, conciertos, exposiciones, informes, publicaciones, comunicados, etc.

Por fin, en 2012, el Ministerio de Medio Ambiente rechazó el proyecto de Refinería Balboa y la declaró inviable medioambientalmente. La Declaración de Impacto Ambiental (DIA) vio la luz sujeta a los informes elaborados por los profesionales del Ministerio y no a las decisiones de los políticos.

Creo que merece la pena leer el comunicado de prensa que dio la Plataforma tras su victoria, ya que resume perfectamente toda su odisea:


COMUNICADO DE PRENSA

Villafranca de los Barros, 31 de marzo de 2012

Se acabó

Hoy, con una resolución negativa del proyecto Refinería Balboa por parte del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, ya podemos dar por finalizado un intenso y largo recorrido que se inició hace ocho años, cuando comenzaba la lucha contra la refinería. Nacía entonces un movimiento social con pocos precedentes en la historia reciente de Extremadura en la que los ciudadanos se enfrentaban a la imposición de forma pacífica, organizada y preparada: informándonos y divulgando esa información; exigiendo un debate vetado sistemáticamente por parte de los promotores políticos y mediáticos del proyecto; denunciando las múltiples irregularidades de un procedimiento opaco; coordinando nuestra lucha con otras de distintos territorios; tratando de hacer oír la opinión de unos ciudadanos a los que nunca se preguntó sobre los planes de desarrollo de su tierra; demandando el amparo de instituciones nacionales e internacionales ante la vulneración de nuestros derechos…

Lo que nació como una imparable respuesta cívica a una imposición se fue extendiendo desde Tierra de Barros al resto de Extremadura, de España y hasta de Europa (fueron muchos los viajes de la Plataforma a Bruselas, buscando en las instituciones europeas el amparo que no encontrábamos en las españolas).

En contra de lo que pretendían quienes —como el promotor, Alfonso Gallardo y el PSOE extremeño— exigían un dictamen político, finalmente ha prevalecido la razón del estado de derecho y se han impuesto los criterios técnicos. En contra de quienes —como Guillermo Fernández Vara— impidieron en su día que saliera a la luz la resolución negativa del proyecto, rozando con ello la prevaricación, la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) ha visto la luz sujeta a los informes elaborados por los profesionales del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y no a las decisiones de los políticos.

Resulta gratificante comprobar cómo los argumentos imparciales de la DIA coinciden con los que venimos esgrimiendo desde hace años. La idea de una refinería de crudos pesados en Tierra de Barros era una aberración ambiental que hubiese perjudicado irremediablemente a los sistemas económicos de la zona (en la que se produce más del 60 % del vino y del 40 % del aceite de oliva de Extremadura), así como a la salud y calidad de vida de sus habitantes, por muchas “mejores técnicas disponibles” que se hubiesen utilizado. Del mismo modo, infraestructuras como el oleoducto y el poliducto hubiesen causado un impacto inasumible a lo largo de los más de 200 km de su trazado, incluyendo zonas tan sensibles como Doñana o la sierra de Huelva. Por otro lado, el considerable aumento de tráfico de petroleros, con el consiguiente incremento del riesgo de mareas negras en la costa onubense; las afecciones a la cuenca transfronteriza del Guadiana, compartida con Portugal; la ubicación de la planta sobre el milenario camino de la Vía de la Plata; el descomunal consumo de agua en una cuenca deficitaria; la apuesta insostenible por los recursos fósiles y por la dependencia energética; el extraordinario incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero de Extremadura… son algunos de los muchos argumentos que convertían a este proyecto en nefasto.

Y todo ello, a cambio de unos supuestos puestos de trabajo que, según sus promotores y sus padrinos políticos, serían la panacea contra el desempleo en nuestra región. En numerosas ocasiones hemos desmontado esa quimera, basándonos simplemente en los datos de la propia empresa cuando, en su Estudio de Impacto Ambiental asegura que —como máximo— la planta contaría con 450 trabajadores, de los cuales el 85 % tendría su origen fuera de los 21 pueblos más afectados (tomo I del EsIA, pág. 102. Anexo 9: “Análisis del impacto socioeconómico de la instalación de un complejo refinero en Extremadura”, págs. 66 y 106). Intentar vender a la población una instalación que solo crearía 67 puestos de trabajo en una zona con 136.000 habitantes, como la solución definitiva al desempleo, solo puede calificarse de engaño. De engaño inmoral, pues con él se juega con las expectativas e ilusiones de miles de personas, en concreto, de los 138.177 parados extremeños. Ello cobra especial gravedad en las circunstancias actuales, dramáticas para muchas personas, en las que una mentira como la del milagro del empleo refinero, se ve revalorizada para quienes la utilizan.

Pero además de las previsibles afecciones negativas de la refinería, además de las falsedades utilizadas para su justificación, desde el inicio de este capítulo de la historia de Extremadura, que hoy acaba, nos tuvimos que encontrar con algo tan preocupante como es el tremendo déficit democrático de nuestra tierra. Lo que en un principio era la mera oposición a un proyecto industrial, se acabó convirtiendo en la lucha por unos derechos ciudadanos. En estos años, hemos sufrido en nuestras propias carnes los abusos de poder de gobiernos locales y autonómicos en manos del PSOE, partido que no solo auspició el proyecto desde el principio, sino que no ha dudado en imponer su defensa a ultranza por encima de los derechos de los ciudadanos. Cientos de multas, censura de programas de radio, cargas policiales, detenciones ilegales, prohibiciones para el uso de lugares públicos para reuniones, actos o exposiciones, insultos, insidias y descalificaciones de todo tipo han sido las únicas respuestas de unos representantes públicos que ejercieron una auténtica persecución y que, en tres legislaturas, no tuvieron tiempo de recibir a la Plataforma Ciudadana “Refinería No”. Como ejemplo emblemático de las consecuencias acarreadas por enfrentarse públicamente a este proyecto quedará para la posteridad el vergonzoso caso de las once personas falsamente imputadas por delito de agresión por el alcalde de Villafranca de los Barros en 2005. Nunca hubieran sospechado estos ciudadanos lo caro que podía resultar en esta tierra interferir en los planes de quienes la gobernaban.

Además de todo ello, los extremeños tuvimos que contemplar cómo convertían en causa común la defensa del proyecto petrolífero, UGT y CC. OO., los dos sindicatos mayoritarios —defendiendo el proyecto particular de un empresario, en lugar de a los trabajadores— y de la Universidad de Extremadura —que realizaba informes a medida encargados y financiados por Gallardo. Comprobamos, así, que no solo podían ser comprados los apoyos mediáticos, sino también los sociales y los técnicos.

Pero, junto con la persecución y el desfile de apoyos comprados, hay algo igualmente preocupante y que se ha fomentado premeditadamente desde algunos responsables públicos: la división entre la población. Al convertir un proyecto industrial en una cuestión ideológica y al alimentar la confrontación, pretendían favorecer sus intereses partidistas, pese a que la gran damnificada fuese algo tan valioso como la convivencia.

También hemos podido comprobar en primera persona hasta qué punto puede ser difícil ejercer de ciudadanos críticos cuando existen medios de comunicación que, en el mejor de los casos censuran, silencian y condenan al ostracismo a quienes no favorecen a sus intereses políticos o empresariales y, en el peor, manipulan la información, ofreciendo una versión de la realidad poco o nada imparcial. Medios privados —como el diario Hoy o la cadena Ser— o públicos —como Canal Extremadura o los medios municipales de Villafranca de los Barros— han hecho todo cuanto ha estado en sus manos para que la opinión pública no tuviese constancia de nuestro mensaje y para crear una imagen distorsionada de nuestro colectivo.

No nos hubiese sido posible esquivar tal tapón mediático de no ser por medios como Radio Nacional de España, Kaos en la Red, COPE Almendralejo, Extremadura al Día o La Gaceta Independiente, entre otros. También es necesario mencionar expresamente a la productora Libre Producciones, vetada por el anterior gobierno regional hasta límites escandalosos, por abordar el asunto de la refinería en su labor profesional. A todos ellos, no podemos sino mostrar nuestro agradecimiento por constituir honrosas excepciones en tan servil panorama mediático.

También tenemos que agradecer el apoyo que hemos recibido en estos años por parte de asociaciones y colectivos, entre las que merecen especial mención los grupos conservacionistas Greenpeace, Ecologistas en Acción, WWF/Adena, Seo/Bird Life, Amigos de la Tierra, Plataforma Contra la Contaminación de Almendralejo o Adenex. Tampoco dudaron en hacer suya esta lucha colectivos como la Mesa de la Ría (Huelva), IU Andalucía, Partido Andalucista, PP Andalucía, Amigos de la Vía de la Plata, Liga para a Protecção da Natureza (LPN), Los Verdes Europeos, CGT, CNT, Coag, Asaja, Oce, Quercus, Bloco de Esquerda, Geota, Aldea Moret y muchos otros cuya enumeración sería demasiado extensa.

En el apartado de reconocimientos, cabe destacar, sin ambages, el papel jugado por IU Extremadura, formación política que, desde el principio, ha mantenido una inequívoca postura frente al proyecto y que en la presente legislatura ha resultado especialmente valiosa al saberla hacer valer de forma prioritaria.

También nos parece merecedora de reconocimiento la apuesta realizada tanto por el actual gobierno de Extremadura como por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente para que el dictamen final se basase en criterios técnicos y no políticos.
 Del mismo modo, nos gustaría dar las gracias a todos esos miles y miles de ciudadanos valientes que un día decidieron asistir a una manifestación, firmar una alegación o apoyar de una u otra forma a la Plataforma. A los innumerables expertos, naturalistas, articulistas, editores, investigadores, profesores… que enriquecieron el haber de la Plataforma con sus inestimables aportaciones en forma de conferencias, artículos, estudios… A los artistas, músicos, escritores… que dieron distintas formas a nuestro mensaje y lo difundieron.

Muchas gracias a todos aquellos ciudadanos que han trabajado de forma absolutamente desinteresada —tanto los que lo hicieron un día, como los que lo hicieron ocho años— para que este día fuese posible. Con todos ellos queremos compartir este día.

Entre todos, además de impedir que se llevase a cabo un esperpéntico proyecto, hemos conseguido al menos dos cosas muy importantes. Por un lado, dejar patente que la refinería de petróleo en Tierra de Barros era el fruto de un problema de fondo mucho más grave: un modelo de desarrollo obsoleto, nada respetuoso con el territorio ni con sus gentes, no acorde con los recursos naturales o las potencialidades de nuestra tierra y más cercano a lo más burdo de la economía del pelotazo, que a la de una economía inteligente y sustentable que genere riqueza, empleo y calidad de vida en nuestros pueblos y ciudades. Por otro lado, ha quedado patente que los ciudadanos, ante las arbitrariedades e imposiciones de los gobernantes, cuando estos abandonan la obligación de velar por los derechos comunes y comienzan a trabajar por los intereses particulares, pueden y deben unirse. Y que, cuando lo hacen, pese a los inherentes obstáculos, tienen muchas más posibilidades de alcanzar sus objetivos que si permanecen impasibles.

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Más información:

http://www.plataformarefineriano.es

www.youtube.com/user/adminpcrn

Bibliografía:

El emperador estaba desnudo. Crónica de la lucha ciudadana contra una refinería de petróleo en Extremadura. Editado por Plataforma Ciudadana «Refinería No»; coordinado por Manuel García González. Villafranca de los Barros (Badajoz), 2013. Incluye DVD con documentos y fotografías.

 

Marián Sáenz-Diez Molina

AEFONA

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