Fotografía de focas grises en Donna Nook, por Alfonso Lario

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Probablemente el mejor lugar del Reino Unido para fotografiar focas grises (Halichoerus grypus) se encuentra en el norte de Inglaterra y se trata de la Reserva Natural Nacional “Donna Nook”.

Esta reserva de la naturaleza —situada en un campo de tiro de la aviación británica para las fuerzas de la OTAN— se declaró como tal en el año 2002. La gestiona la Fundación Vida Silvestre de Lincolnshire (Wildlife Trust) con el acuerdo del Ministerio de Defensa, que es el propietario, y es que la historia de este lugar tiene una marcada tradición bélica.

Al buscar información, descubrimos que es a finales de otoño cuando cientos de focas grises empiezan a acudir a aquellos bancos de arena. Primero llegan los machos, que toman su territorio y esperan a que lleguen las hembras para aparearse, y luego llegan las hembras para dar a luz a sus crías y volverse a aparear. Por lo tanto, teníamos que planificarlo en torno a un fin de semana entre noviembre y enero, ya que estos son los días en los que se permite el paso al banco de arena, pues durante la época de cría, el ejército suspende sus actividades —de acuerdo con el Plan Internacional del mar de Wadden—. Como el puente de la Inmaculada coincidía con el punto alto de nacimientos en los primeros días de diciembre, nos fuimos del 4 al 7 de diciembre de 2010.

 

Salvo Íñigo, todos salimos desde Alicante sobre las 16.40 horas y, tras aproximadamente dos horas de vuelo, llegamos al aeropuerto de London Stanted. Volamos con EasyJet y realizamos la reserva con meses de antelación para garantizarnos una tarifa mas económica (nos costó alrededor de 80 €). Después de los trámites aduaneros, y en el mismo aeropuerto, recogimos los dos coches alquilados a EuropCar, que nos costaron aproximadamente 130 € cada uno para los cuatro días de estancia. Nos pusimos en marcha, pues no había tiempo que perder, ya que el viaje hasta Cleethorpes dura aproximadamente tres horas, que se hacen más duras al conducir de noche y por la izquierda. Aunque nosotros elegimos hospedarnos en un hotel, el Kingsway Hotel Cleethorpes, la opción más económica para alojarte en Donna Nook y alrededores son los conocidos Bred and Breakfast, que son casas particulares que, por aproximadamente 40 € la noche, te alquilan habitaciones y te dan el desayuno.

Tras instalarnos, preparamos el equipo y descansamos algo, pues tenemos que madrugar. Conviene no olvidar que es invierno y que estaremos en una playa, expuestos a un frío viento que sopla del norte. Si no vas correctamente equipado, prepárate para lo peor, pues fotografiar las focas grises se convierte en fotografía extrema, sobre todo, cuando la arena arrastrada por el viento no te deja ver o no se pueden sentir los dedos porque estás mojado y helado.

Es aconsejable usar varias capas de ropa técnica, camisetas interiores y forro polar, un par de guantes y no olvidar un gorro. También el calzado es importante, un vadeador o unas botas de agua, junto a unos buenos calcetines. La capa exterior es esencial que sea cortavientos y resistente al agua, especialmente si llueve o acabas arrastrándote por la arena. También es vital proteger tu equipo.

 

En Donna Nook se agudiza el ingenio de los fotógrafos cuando se trata de acarrear su equipo y pudimos ver algún carrito de golf o de la compra para transportar el equipo por la arena.

Aunque para acceder a la playa nosotros elegimos el pequeño estacionamiento de Stonebridge —con su entrada principal por la carretera de la costa (la A1031), a la altura del pueblo de North Somercotes—, existen varios puntos de acceso fuera de la carretera, con plazas de aparcamiento en distintas zonas, y también hay otros accesos públicos, que no son tan recomendables, pues no tienen plazas de aparcamiento. La gestión de la Reserva se ha centrado, especialmente, en los pastizales de las dunas, pero también se compone de dunas, marismas y zonas intermareales, y es que los procesos costeros modifican las características naturales de la Reserva, año tras año, sobre todo debido a la arena transportada al interior por los vientos del este —que forman las cadenas de dunas— y a la deposición de material desde el río Humber, que se traduce en marismas y saladares.

Debíamos llegar temprano —lo ideal es sobre las 06.30, o sea, una hora antes del amanecer—, pero cuidado porque, a pesar de lo temprano, en estas fechas se llena rápidamente de ávidos y equipados fotógrafos. Arriesgándonos, el sábado nos decidimos por desayunar fuerte y permitirnos llegar un poco más tarde, pues la marea a esa hora estaba alta y no podríamos entrar. Un dato muy importante a la hora de planificar fue tener un conocimiento exacto del horario de las mareas.

Tras pertrecharnos con todo el equipo, salimos por la parte de atrás; allí encontramos un paseo —donde se quedan la mayoría de los visitantes— que discurre por una pasarela de madera con un doble vallado, para la observación de las focas y sus crías recién nacidas entre las dunas de arena y a escasa distancia. Las madres dan a luz normalmente un día después de llegar a la zona de descanso y a un solo cachorro, que nace con un llamativo abrigo blanco que se va oscureciendo en las 2-4 semanas siguientes.

Pero lo que más nos interesaba era el camino que nos llevaría hasta la orilla del banco de arena y que estaba situado a kilómetro y medio de distancia. También este se inicia en la parte trasera, donde el aparcamiento. De los tres caminos hacia la arena, nosotros tomamos el de la derecha, que es ideal para una primera experiencia con las focas. Luego nos dirigimos bordeando la zona vallada y acordonada hacia las primeras focas con sus cachorros, que quedan entre las dunas de arena y las piscinas de agua y, desde allí, hasta una línea de marcadores de color naranja. Mientras, el lodo ha dado paso a la arena cubierta de agua que, finalmente, nos lleva a los bancos de arena ligeramente elevados sobre la orilla, donde se concentran la mayoría de las focas grises.

Esta especie, propia de las costas rocosas atlánticas, es la más común en España, dejándose ver de forma errática por la costa peninsular cantábrica y atlántica, especialmente los meses de invierno. La mayoría de las focas tienen un promedio de vida de entre 26 y 38 años y pasan un tercio de sus vidas en el mar o en zonas costeras de difícil acceso, pero, durante el invierno, una gran parte de los cien mil ejemplares afincados en las Islas Británicas (que comprende el 50 % de la población mundial) va a criar a la colonia emplazada en las dunas de Donna Nook.

Mientras andamos por la playa, observaremos tanto grupos como individuos aislados, que pasan gran parte de su tiempo en los bancos de arena. Aquí es donde realizaremos la mayoría de las tomas, mientras descansan tranquila y pesadamente. Al principio, y como norma general, se puede utilizar el teleobjetivo más largo que llevemos, lo que nos proporciona la mejor oportunidad de aislar a las focas y supone menos estrés para ellas. Además, procuraremos colocarnos siempre en un punto de vista lo más bajo posible, consiguiendo un fondo más homogéneo, incluso con diafragmas elevados y siempre teniendo especial cuidado en que la línea del horizonte esté correcta.

Las focas grises son una especie protegida por la IUCN, pero su interacción con el hombre le trae algunos problemas.

 

Después, y para complementar el reportaje y realizar tanto tomas generales como alguna toma de un individuo integrado en su entorno, aprenderemos que hasta el angular se puede utilizar si eres paciente y hábil, ya que si el acercamiento lo hacemos poco a poco y desde un plano bajo —primero de rodillas y luego arrastrándonos—, algunas focas aceptarán y tolerarán nuestra aproximación. Sin embargo, si nos acercamos caminando erguidos o nos levantamos del suelo para irnos después de hacer la foto, las asustaremos, lo que no es bueno para  ellas y, además, incurriremos en la ira de otros fotógrafos que ya han trabajado cuidadosamente su acercamiento.

Lo más habitual es que los machos se acerquen a las hembras cuando están criando, esperando que las madres desteten los cachorros y queden disponibles para el apareamiento. Los que generan, tanto en la arena como en el mar, unos momentos especiales que no se deben dejar de fotografiar son los sangrientos combates entre los grandes machos —con casi dos metros de longitud y un peso de hasta 300 kg— y  las peleas que preceden a las cópulas entre machos y hembras.

Como la mayoría llevábamos la mochila con todo el equipo y durante todo el día, es importante que sea muy cómoda, que tenga buenos correajes y cremalleras. Además de disponer de una funda para protección ante la lluvia, tampoco debemos olvidar dejar espacio en ella para algo de alimento y bebida.

Otro atractivo se produce en la misma orilla de la playa, cuando juegan y entran o salen del mar ya que, gracias al envite de las olas y el fuerte viento, sobre los individuos se originan imágenes muy dinámicas.

Los cachorros son amamantados durante unas tres semanas, ganando una media de 1,2-2 kg al día, gracias al 60 % de grasa que contiene la leche materna.

 

Insistimos en que hay que ser cuidadoso y no olvidar que, aunque estén acostumbradas a la presencia humana, son animales salvajes. Es fácil dejarse arrastrar por una falsa sensación de seguridad. Debemos saber hasta dónde podemos acercarnos sin llegar a correr peligro o perturbar la tranquilidad de los animales y, especialmente, de los cachorros, recordando además que no son peluches a los que se pueda tocar. Por lo tanto, debemos estar siempre atentos a las señales de advertencia, especialmente al acercarnos mucho a los adultos con focas pequeñas. A un silbido de la madre (que es la primera señal de advertencia) debemos desistir. Los jóvenes, que se quedan en las dunas hasta que son lo bastante fuertes, suelen ser graciosos y a menudo curiosos, proporcionándonos muchos gigas de imágenes. Posteriormente, los cachorros, acuciados por el hambre, se dispersan, y los adultos vuelven también a la mar para alimentarse, por fin, de peces, crustáceos y moluscos, tras pasar de tres a seis semanas sin alimentarse.

 

En el año 2011 nacieron, aproximadamente, 1430 crías.

 

Eran aproximadamente las cinco de la tarde del sábado y ya anochece; para entonces nos encontramos agotados y todavía nos queda una hora de camino hasta el bar situado en el aparcamiento. Y es que el día pasa volando y, si las condiciones son buenas, como así nos ocurrió, querremos estar haciendo fotos el mayor tiempo posible.

Una vez acabada la jornada, y ya en el alojamiento, es momento de una ducha, cargar baterías, descargar tarjetas, limpiar equipo y reponer fuerzas. Luego, en cualquier pub cercano, entre pinta y pinta, comentamos los lances y anécdotas de la jornada. Un tema destacó entre los demás y fue el gran número de fotógrafos y cómo unos pocos irresponsables no respetaban las normas de conducta ante las focas, molestándolas con total impunidad, lo que podría llevar a que al final se limite el número de personas o, incluso, se prohíba el acceso público a este paraíso.

 

 Alfonso Lario

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