Las sabinas de Calatañazor, por Francisco Martínez

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Aquella mañana había llovido intensamente sobre los campos sorianos y el terreno estaba empapado. No obstante, el cálido sol primaveral pudo con los grises y oscuros nubarrones y su intensa luz se abrió paso, poco a poco, hasta adueñarse definitivamente del gran bosque sabinar en el que había decidido adentrarme con el propósito de obtener algunas instantáneas de tan insólito y apacible lugar.

 

Las Sabinas de Calatañazor - Francisco Martínez Romón

 

Me estoy refiriendo al sabinar de Calatañazor, donde crece la sabina albar (Juniperue thurifera) —especie arbórea considerada como una reliquia del período Terciario— y en cuyo recinto pueden hallarse ejemplares que sobrepasan los catorce metros de altura y los cinco metros de diámetro troncal. Con la particularidad añadida de que algunos de estos gigantes vegetales acumulan una antigüedad estimada en cerca de dos mil años.

Mi recorrido por este espacio natural llegó a parecerme utópico por momentos, tanto por la majestuosidad del lugar como por la quietud y sosiego que emanaba del entorno, donde únicamente el trino de las aves alcanzaba a alterar el silencio absoluto que allí podía apreciarse.

Entre las diversas especies de fauna que pueblan dicho sabinar —y que no tuve oportunidad de fotografiar— hay pequeños roedores como el lirón y, por supuesto, aves como el cárabo y el mochuelo, abubillas, trepadores, pico pinos… y que, evidentemente, enriquecen con su presencia este peculiar y exclusivo espacio medioambiental soriano.

La longevidad milenaria de algunas de las sabinas —muchas de ellas con el tronco ya hueco— las hace vulnerables al clima extremo de Castilla y, poco a poco, van rindiendo su antiguo vigor y caen vencidas sin poderlo evitar por más tiempo.

Y de ello fui testigo cuando, a escasa distancia de donde me hallaba, oí un fuerte chasquido y a continuación el enérgico y seco sonido que al golpear contra el suelo produjo una vieja sabina tras perder su verticalidad. El suelo tembló a mis pies y después volvió a hacerse el silencio. Por fortuna, yo estaba fuera de su radio de alcance; pero faltó poco…

Las Sabinas de Calatañazor - Francisco Martínez Romón

Cuando me aproximé a comprobar qué había ocurrido, pude ver —apoyadas las ramas sobre el terreno— a uno de estos hermosos ejemplares, quizá derrotado por las últimas lluvias, tras ser abandonado por la sabia que en tiempos pretéritos corría por su estructura arbórea y que le daba la energía y pujanza que en el presente dejó de asistirle.

Las Sabinas de Calatañazor - Francisco Martínez Romón

La contemplación de esta ruina vegetal desgajada literalmente del terreno me produjo cierta aflicción; aunque entiendo que, a compás con la ley natural, había cumplido el servicio para el que fue creado y ahora cerraba el ciclo biológico, sirviendo a otros seres vivos que lo utilizarán en su provecho.

Las Sabinas de Calatañazor - Francisco Martínez Romón

Con la llegada de la tarde, comenzaron a aparecer negras nubes que presagiaban tormenta y decidí recoger el equipo y abandonar el lugar antes de que la lluvia me sorprendiera en mitad del sabinar. Ese día no deseaba más sorpresas…

Las Sabinas de Calatañazor - Francisco Martínez Romón

Texto y Fotos: Francisco Martínez Romón

fmromon@gmail.com

De la serie “Mis Cuadernos de Campo”

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