José B. Ruiz comenta su obra “Unido a su reflejo”

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Comentario

Esta es una de esas imágenes que se preconciben con mucha antelación y que no por ello me deja de sorprender cuando la contemplo.
Está realizada en un gran bebedero contruido para la toma de imágenes en el terreno de mi propia casa. En un huerto alejado y rodeado de matorral con pinos dispersos, construí un bebedero de unos 25 m2 de superficie, con un hide hundido en el suelo para que quedara a ras de agua y dotado de cristal espía para pasar totalmente desapercibido a la fauna más esquiva.
La piedra con líquenes que sirve de posadero se ubica aislada en el centro del agua para que las aves se posen allí a beber.
El día era despejado y fresco, en pleno mes de enero y, lo más importante, con una total ausencia de viento, que hubiera podido mover el agua y enturbiar el perseguido reflejo.

 

La técnica

El interior del hide es amplio y confortable, de hecho, es una casa prefabricada de madera. En el suelo insonorizado se puede colocar el trípode e incluso desplazarlo para buscar el fondo que deseemos. Para estas tomas empleo una focal de 400 mm f/2.8 que pesa bastante más de 5 kg, por lo que utilizo una rótula tipo Gimbal o balancín que permite buscar el centro de gravedad del equipo, por lo que resulta muy sencillo tanto moverlo como estabilizarlo.

Ajusté el valor mínimo de diafragma para lograr unos fondos muy desenfocados que no distrajesen la atención sobre el motivo esencial de la toma.
Aunque se realizaron varias imágenes, esta es la elegida por las siguientes cuestiones: el ave está posicionada en paralelo al plano focal, por lo que aparece enfocada a pesar de la exigua profundidad de campo; el ave se posó en el borde más próximo de la piedra y se estiró para beber, conformando un arco con su reflejo.
Valor de exposición: ajuste manual de la exposición ISO 200 – f/4 – 1/640 s
Temperatura de color: ajuste manual a 3800 K para compensar la dominante excesivamente cálida del cristal.
Equipo: cámara Canon EOS 5D. 400 mm f/2.8. Convertidor de focal 1.4x. Trípode. Cabeza Manfrotto.

La composición

El equilibrio en cualquier imagen, ya sea simétrico o asimétrico, es una formulación muy agradable para la vista. Es sin duda el principal valor de esta fotografía que nos ocupa, una imagen especular, un reflejo casi tan detallado como el propio original y entre ambos esa unión puntual lograda a través del pico del ave. Los colores de la piedra armonizan bien con los del fondo (una mezcla de amarillos y verdosos) y permiten resaltar mucho más el color gris azulado del colirrojo a la vez que combinan con el rojizo de su cola. El dramático desenfoque del fondo no permite apreciar detalles, sombras ni texturas, por lo que no nos distrae del sujeto. De esta forma, el borde lejano del bebedero se difumina y se funde con el fondo, dando la sensación de que la piedra y el ave están flotando.
En el momento de la toma se decidió desplazar el encuadre hacia la base, dejando más aire por encima del sujeto y menos en la base con el fin de dar una apariencia estable y de mayor peso, mientras que se dejó un espacio equidistante entre los márgenes de cabeza y cola.
A pesar de que el ave crea un ángulo, una diagonal dinámica e inestable, su propio reflejo contribuye a crear el equilibrio. La clave de esta imagen es, sin duda, la sorpresa visual que nos provoca el ave unida a su reflejo.

José B. Ruiz
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